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Deleuze y el psicodrama

Haré el intento de transmitir, oxímoron mediante, a través de una escena de psicodrama, la riqueza del encuentro del psicodrama y Deleuze.
Una integrante del grupo trae una escena de su infancia. Su hermano y su prima, ambos mayores que ella, tratan de enseñarle a andar en bicicleta. La prima mueve la bicicleta repitiendo “no puede, se va a caer”. Y se cae. Jamás vuelve a intentarlo.
Dirigiendo la escena, comienzo a desplegar lo plegado desde su infancia “no hay, literalmente, necesidad del pliegue, pero si quieres sobrevivir, más vale hacerlo”, sostiene Deleuze.
La escena no se da, se despliega. “La producción deseante se organiza mediante un juego de represiones y permisiones”, dice Deleuze. Y ahí está, bajándose de la bicicleta, cayendo y marchándose de esa escena hacia otras; plegando ahí, desplegando en otros lugares.
Construyéndose rizoma de represiones y permisiones: reprime ahí, en donde no pudo, permite en otros espacios, en donde fluye.
Pedimos un soliloquio; “¿qué sentís?”. Recuerdo pensado, puesto en escena, y ahora sentido.
La escena transcurre, pido doblajes al resto del grupo: el que sienta que tiene algo que aportar se coloca detrás del personaje que elije, (la protagonista, el hermano, la prima) y dice lo que cree que está sintiendo o que aparece como posibilidad de ser dicho.
Ver y escuchar en otros cuerpos y otras voces su escena, empieza a enriquecerla. La va sintiendo un poco más, la va pensando un
poco menos. “No somos seres, sino modos de ser”, interpretó Deleuze de lo escrito por Spinoza. Y ahí, el agenciamiento se convierte, sale del concepto, deviene suceso.
Y seguimos desplegando. Cada integrante del grupo, agente de este agenciamiento, son una multiplicidad. Cada uno, tiene su propio devenir, y ahí una de las riquezas del agenciamiento: la desterritorialización en que deviene.
De las multiplicidades de los agentes del grupo, se dará un efecto de multiplicación.
Y el rizoma sucede.
En la dirección utilizo un recurso, espejo. Pasa un integrante del grupo y juega la escena en el lugar de la protagonista. Sentada, fuera de la escena, la observa. Lo heterogéneo de los elementos, agentes, integrantes que conforman a este agenciamiento permite que suceda lo mismo pero distinto, distinto, pero fluyendo en el mismo devenir.
Dirigiendo la escena, le pido al compañero que juega en el lugar de la protagonista que, una vez caído / caída se levante y se suba nuevamente a la bicicleta. Con miedo, que le pida al hermano-compañero-agente-yo auxiliar, que no la suelte que tiene miedo, que confía en él.
Y no la suelta.
– “Ah, ¡era con miedo!”, dice la protagonista de la escena, que descubre y se descubre.
“El psicodrama será marginal o no será”, sostiene Eduardo Tato Pavlovsky. Parece que en los márgenes pasa lo mejor.
Ahora sabe que, si hay miedo, se hace con miedo. Y se pide ayuda. Nuevo territorio para la protagonista de la escena.
Y seguimos desplegando lo plegado

Ale Parada

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